Como todos sabemos los desguaces se encuentran a la orden del día, desde hace un tiempo son los lugares elegidos por muchos españoles para darle una nueva oportunidad a su viejo coche. Es verdad que en principio los desguaces estaban de alguna manera vistos para ese tipo de personas que su economía es algo más delicada, era una manera de poder hacer frente a una avería sin gastar mucho más de lo necesario, o por lo menos que el bolsillo no se lastimará demasiado. Luego se dieron cuenta que para los coches que rondan los veinte años, lo mejor que se puede usar es este tipo de sitios, ya que no merece mucho la pena invertir en un coche tan viejo, es decir poner unas piezas tan caras en un coche que mañana igual decide tener otra avería, no se convierte en los más acertado, por lo que el uso de las piezas de segunda mano se convierte en la mejor elección para cualquiera que tenga un coche así.

Lo que pasa es que con la llegada de la crisis la compra de este tipo de piezas ha saltado de manera enérgica, es decir, que ya no las utilizan solo las personas que he mencionado anteriormente sino que ahora da igual el estatus que se tenga que cada día hay más personas interesadas en este tipo de piezas, evidentemente no recurren a ellas solo por un tema económico, sino porque la relación calidad-precio parece ser muy atractiva. Es normal que los desguaces hayan ido cambiando poco a poco sus instalaciones, es normal que ya no nos encontremos con esos talleres pequeños que solo albergaban unos cuantos coches, ahora podemos hacer uso de desguaces grandes en los que es posible incluso ver cantidad de camiones sin desguazar, con miles y miles de metros de terreno esperando a que cada quien lleve su coche, ese que ya ha llegado a las últimas y que es imposible de reanimar. Son muchas las diferencias que separan unos desguaces de otros, los del siglo XXI se les nota esa madurez a la hora de trabajar, esas ganas de demostrar que son verdaderos profesionales y que nada queda ya del pequeño desguace, ese al que la mala fama hundió y que por suerte quedó en el olvido, aquel  que nadie quiere volver a ver ni tan siquiera en sus recuerdos.